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El gallo Kiriko se dirige muy contento a la fiesta de su tío hasta que en el trayecto le sucede un pequeño percance. En el camino se encuentra con una serie de personajes gracias a los cuales reciben una gran lección. La música, acompañando al texto en toda la puesta en escena, evoca los sentimientos, crea los ambientes y remarca las acciones en toda la vida del Cuento.
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